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Ewa Podles. La voz oscura y profunda
Por Diego Manuel García
De auténtico fenómeno vocal puede considerarse a la contralto polaca Ewa Podles (Varsovia, 1952). Su voz oscura y profunda, manejada con una gran técnica, se mueve en una extensión de tres octavas, con notas graves de autentica contralto y notas agudas de soprano, todo ello unido a una gran capacidad dramática que le hace vivir intensamente cada uno de los personajes que interpreta. Su flexibilidad vocal y gran facilidad para las agilidades la convierten en una intérprete ideal para el repertorio rossiniano, que cultiva con singular fortuna, tanto en los personajes más ligeros como Cenerentola, Rosina de El Barbero de Sevilla, Isabella de La Italiana en Argel o la marquesa Melibea del Viaggio a Reims, así como también los más dramáticos, Tancredi, Arsace de Semiramide o Malcolm de La donna del lago, que le han proporcionado grandes éxitos y donde mejor ha podido conjugar sus habilidades belcantistas y el intenso dramatismo que aporta a sus interpretaciones.
Ewa Podles también ha cantado con éxito óperas de Haendel, como Julio César, donde ha llegado a cantar el personaje titular y Cornelia. Rinaldo supuso su debut en el Metropolitan neoyorquino, y también lo cantó en París, alternando reparto con Teresa Berganza. Otro personaje haendeliano, Bradamante de Alcina, lo estrenó en el Gran Teatro del Liceo.
Su gran versatilidad le ha permitido afrontar repertorio ruso, francés e incluso verdiano, destacando también como cantante de concierto, con numerosos recitales por todo el mundo.
En posesión de una discografía ya muy extensa, con algunas grabaciones como Tancredi, dirigida por Alberto Zedda, que se ha convertido en una de las modernas referencias de esta ópera rossiniana. También pueden considerarse auténticas joyas discográficas, los trabajos que Ewa Podles ha realizado con dirección de Mark Minkowski: Armide de Gluck y sobre todo el personaje de Polinesso en Ariorante de Händel, una de las mejores grabaciones de repertorio barroco de toda la historia.
En verano de 2003, Ewa Podles vino España para cantar en el Festival Mozart de La Coruña, en el Festival Internacional de Santander y, en la Quincena Musical de San Sebastián, con otro de sus grandes papeles: Orfeo de Orfeo y Euridice de Gluck.
Ud. obtuvo la pasada temporada un gran éxito tanto en La Coruña como en San Sebastián, cantando el papel de la dama polaca, La marquesa de Melibea, de Il Viaggio a Reims de Rossini. Hábleme de este personaje, que precisamente estrenó en La Coruña el año 2000.
Ella tiene un carácter muy polaco aunque su nombre Melibea es totalmente desconocido en Polonia. Tiene un gran temperamento y adora a los hombres en especial a los polacos y a los rusos. En la ópera se debate entre su enamorado, el aristócrata ruso conde de Libenskof y el caballero Don Alvaro, Grande de España. Es normal que Melibea se sienta atraída por ambos, ya que, en el fondo, rusos, polacos y españoles se parecen mucho. A las mujeres polacas les gustan mucho los españoles. Estas circunstancias las conocían bien tanto Giocchino Rossini como su libretista Luigi Balochi cuando compusieron Il Viaggio a Reims. Me gusta mucho cantar la marquesa Melibea, papel de gran lucimiento vocal y escénico. Hace tres años lo canté en La Coruña y San Sebastián con dirección de Alberto Zedda y junto a un extraordinario grupo de cantantes, entre ellos el gran tenor norteamericano Rockwell Blake, que tanto ha hecho por el repertorio rosiniano en los últimos veinte años; también esas dos jóvenes cantantes españolas, María José Moreno y Mariola Cantarero, ambas desarrollando una importante carrera.
¿Cómo ha sido su relación con Alberto Zedda?
Mi relación con Alberto Zedda es... “el amor”. Ha realizado y sigue realizando una ingente labor en pro del repertorio rossiniano, por todo el mundo y, sobre todo, en ese centro de culto a las óperas de Rossini que es el Festival de Pésaro. Estoy trabajando con él en los últimos veinte años. En la presente temporada volveremos a coincidir en La donna del lago en Aviñón; de nuevo, y esta vez en mi querida Varsovia en El Viaggio a Reims; y en el próximo Festival de Pésaro me dirigirá en el personaje de Arsace de Semiramide. Además de gran músico, Alberto Zedda es un excelente musicólogo, que ha llegado a manifestar que un buen cantante rossiniano, que realiza todos los adornos y tiene la técnica y el estilo belcantista, puede interpretar excelentemente a Mozart, Haendel o Monteverdi. No creo que existan voces barrocas o no barrocas: en realidad hay voces bien educadas y otras que no lo están.
Zedda me dirigió en una de mis más importantes grabaciones discográficas, Tancredi, que es uno de los personajes de todo mi repertorio que más me gustan y apasionan, por su fuerza y carácter, y que cuenta con una de las arias más famosas compuestas por Rossini: “Di tanti palpiti”.
Ud. está considerada fundamentalmente como una cantante rossiniana, aunque también ha realizado diferentes incursiones en las óperas de Haendel. ¿Qué es más difícil cantar: Rossini o Haendel?
Para mí no tiene ninguna dificultad cantar las óperas de Rossini o Haendel. Personalmente me gusta más Rossini, sobre todo sus personajes fuertes como Tancredi y Arsace, que me interesan mucho más que Rosina o Cenerentola.
Estoy interesada por el repertorio barroco, en especial por diferentes personajes de óperas de Haendel, que resultan muy adecuados a mis condiciones vocales, como es el caso de Julio César y Cornelia de Julio César, Rinaldo o Polinesso de Ariorante. En ellos se plantean para las voces todo tipo de posibilidades: coloraturas, ornamentos y cadencias. Aún siendo la técnica vocal fundamental en la música barroca, es también preciso cantar con el corazón y la capacidad dramática que precisan diferentes personajes de las óperas de este precioso repertorio, que cuenta cada vez con más aficionados.
El problema fundamental del repertorio barroco no reside en los cantantes o en los directores de orquesta, sino en los críticos que han inventado el término “estilo barroco”. Parece como si muchos críticos actuales hubieran asistido a conciertos en tiempos de Haendel. Desconocemos –obviamente- como se interpretaba por aquellos años. Lo que sí resulta fundamental, para recrear, de algún modo, la posible atmósfera y sonoridad que rodeaba aquellos conciertos y óperas barrocas, es la utilización de instrumentos originales. Uno de los grandes intérpretes actuales del repertorio barroco es, sin duda, Marc Minkowski, con su conjunto Les Musiciens du Louvre, siendo un director con quien me encanta trabajar.
Hábleme de esa extraordinaria grabación de Ariorante de Händel, dirigida por Marc Minkowski, en la que Ud. interpreta el papel de Polinesso.
Se trata de una de las grandes grabaciones discográficas de los últimos años y, sin duda alguna, la mejor realizada hasta ahora de una ópera de Haendel, y ha recibido diferentes premios. Minkowski realiza un trabajo extraordinario que le coloca entre los grandes especialistas de este repertorio. El reparto es de una calidad extrema, encabezado por una insuperable Anne Sofie Von Otter, que no sólo interpreta a Ariorante: es Ariorante. Escuchar su famoso y largo lamento “Scherza infida” me produce una tremenda emoción y no puedo contener las lágrimas. Polinesso, el personaje que interpreto, le va mucho a mi voz y también me permite una línea de canto tremendamente matizada y llena de expresividad. Tiene bastantes momentos de lucimiento, como las arias “Coperta la frode” y ”Spero per voi, si, si” del Acto I, o ya en el Acto II “Se l’inganno sortisce felice”, teniendo reservada en el Acto III otro aria, “Dover, giustizia, amor”, de gran dificultad vocal, plagada de agilidades y dentro de una amplísima tesitura, desde notas muy graves a otras muy agudas. El resto del reparto brilla también a gran altura, con Lynne Dawson como Ginebra; Richard Croft como Lurcanio y Verónica Cangemi como Dalinda. Todos tienen importantes intervenciones. Ariorante, es una opera verdaderamente preciosa.
Con Marc Minkowski también he participado en otra grabación que ha recibido grandes elogios de la crítica, Armide de Gluck, donde interpreto a la bruja Haine. De este mismo autor es otro de mis personajes favoritos y que canto con mayor frecuencia en los últimos años: Orfeo de Orfeo y Euridice.
Mi último trabajo discográfico con Minkowski (que demuestra su gran versatilidad) ha sido la opereta Orfeo en los infiernos de Offenbach, donde interpreto el personaje de “La opinión pública”.
Ud. ha cantado algunos papeles verdianos como Ulrica de Un ballo in maschera o Quikly de Falstaff. ¿Piensa incorporar a su repertorio otras óperas de Verdi?
Ulrica la canté por primera vez en el Teatro Real de Madrid. Me gusta mucho, pues es un personaje fuerte y poderoso, en la línea de Haine de Armide.
En realidad también he cantado el Réquiem de Verdi y, en versión de concierto, su primera ópera Oberto conte di San Bonifacio. En enero de 2004 tengo previsto incorporar a mi repertorio en Filadelfia un nuevo papel verdiano, Eboli de Don Carlo, sin duda uno de los papeles verdianos de mayor dificultad vocal, con un aria como “La canción del Velo” plagada de agilidades y “O don fatale”, que precisa un poderoso y rotundo registro agudo. Es un papel que acaricio cantar desde hace bastante tiempo y que se adapta bien a mis condiciones vocales.
El problema que surge al cantar Verdi es que no puede simultanearse con Rossini, ya que se corre el peligro de perder las agilidades. Se trata de un repertorio más duro, dramático y pesado. Por tanto, mis incursiones verdianas tienen que estar muy bien medidas, pues, fundamentalmente, soy una cantante rossiniana. En un futuro es posible que interprete otras óperas de Verdi.
En los comienzos de su carrera cantó Carmen en Varsovia, habiéndolo vuelto a hacer posteriormente en alguna ocasión. ¿Piensa volver a cantar este personaje?
Me gusta mucho Carmen, tanto vocal como dramáticamente, puesto que permite un verdadero lucimiento escénico y se encuentra situada en la línea de esos personajes fuertes que tanto me gusta interpretar. Carmen ha tentado a todas las grandes cantantes, incluso a aquellas como Teresa Berganza, cuyo repertorio podría resultar, a priori, alejado de ese fascinante personaje. El ejemplo más reciente sería el de Anne Sofie von Otter, que hace tres veranos debutó en este papel. Ciertamente, me gustaría volver a cantarlo.
La temporada 2003/2004 cantó La Canción de la Tierra de Gustav Mahler con la Orquesta Sinfónica de Detroit dirigida por Neeme Järvi. Vemos aquí una nueva faceta, como cantante mahleriana.
He cantado las Sinfonías nº2, nº3 y nº8 de Mahler. Le comento como anécdota la gran dificultad que encontré para conseguir la precisa entonación que requieren las palabras “O Mensch” con que comienza mi intervención en el cuarto movimiento (Misterioso) de la Sinfonía nº3. Tuve que realizar muchas vocalizaciones hasta encontrar el tono preciso. Se trata de una pagina para auténtica contralto que me gusta mucho cantar. En la Sinfonía nº2, para soprano y contralto, también es de muy difícil entonación la frase “O Röschen rot!” con que comienza el cuarto movimiento, reservado para contralto. Esta sinfonía la grabé en CD con la Orquesta Nationale de Lille con dirección de Jean Claude Casadesus, teniendo como compañera a mi compatriota la soprano Teresa Zylis-Gara. Fue muy emocionante, pues coincidíamos en esta grabación dos generaciones de cantantes polacas. Nuestras voces se conjuntaban perfectamente en el dúo con coros del quinto movimiento “O Schmerz!”. Las sinfonías mahlerianas, son auténticos monumentos, en especial la nº2 y la nº3, donde se plantean todas las posibilidades que puede aportar la música: grandes formaciones orquestales, impresionantes conjuntos corales y también voces solistas.
También canto de Mahler los Kindertotenlieder, así como La canción de la tierra, que, como ya ha planteado en su pregunta, voy a interpretar esta temporada con la Orquesta Sinfónica de Detroit dirigida por Neeme Järvi.
Esta gran versatilidad incluye su actividad como cantante de recitales.
He desarrollado una intensa actividad como cantante de recitales por todo el mundo acompañada al piano por mi marido Jerzy Marchwinski, al que una lesión en la espalda le impide en la actualidad actuar conmigo. En los últimos tiempos me acompaña con frecuencia el gran pianista norteamericano Garrick Ohlsson, con el que he grabado las diecinueve canciones que compuso Chopin. En casi todos mis recitales incluyo algunas de estas canciones. Muy recientemente, el pasado diciembre, realizamos una grabación en directo en Varsovia, con canciones de Chopin, Mussorgsky (Canciones y danzas de la muerte), Scriabin y Rachmaninov.
También ha interpretado obras de su compatriota Krzysztof Penderecki.
Efectivamente he cantado obras de Penderecki como el Te Deum y Las siete puertas de Jerusalén. Esta temporada tengo previsto estrenar la ópera Fedra, que ha compuesto especialmente para mí. Será con la Orquesta Filarmónica de Nueva York dirigida por Kurt Masur.
Como cierre de esta entrevista me gustaría que citase a sus cantantes favoritos.
Tengo que citarle, sin ningún tipo de dudas, a María Callas, que sintetizaba todo lo que considero esencial en un cantante: magnífica línea vocal y un temperamento dramático sin posible parangón. Otro cantante que me gusta especialmente es Plácido Domingo, con el que he coincidido últimamente en dos grabaciones discográficas: El Profeta de Meyerbeer, dirigido por Antonio Pappano; y Ruslan y Ludmila de Glinka, con dirección de Ricardo Chailly.
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