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Ofelia Sala: "Elegida entre los llamados"
Por Joaquín Martín de Sagarmínaga
La joven soprano valenciana Ofelia Sala, tras estudiar en su Conservatorio natal, fue becada por el Ministerio de Cultura y, posteriormente, por la Fundación Humboldt, para realizar un "master" de postgrado (especialidades de Oratorio, "Lied" y ópera) en la Hochschule für Musik de Munich, con Daphne Evalgelatos, Helmut Deutsch y Donald Sulzen. Tanto en recital como en oratorio, ha actuado en la Gewandhaus de Leipzig, Philarmonie de Colonia, Auditorio Nacional de Madrid, Palau de la Música de Barcelona, Théâtre Châtelet de París, Musicades de Lyon, Semperoper de Dresde y en diversas ciudades como Lisboa, Praga, Frankfurt, Sevilla, Oviedo o Tarragona. En el género operístico ha desarrollado su actividad en el Teatro Real, La Scala de Milán, Théâtre Châtelet de París, Prinzregententheater de Munich, en las óperas de Leipzig, Bonn, Düsseldorf, Mannheim, Lieja, El Cairo...
Ofelia Sala es dueña una voz dulce y redondita, así como de un canto radiante, en consonancia con la alegría de vivir que actualmente rezuma como persona. A un divismo no razonado contrapone la profunda conciencia de su valía; a la afirmación habitual de no tener prisa (que todos propugnan y pocos cumplen), una actividad intensa, aunque muy ordenada, encauzada con sabiduría en lo tocante a la elección del repertorio. Trabaja mucho y con disciplina en diversas ciudades centroeuropeas donde es admirada y querida, y el hecho de que en España no haya cantado demasiado, subsanado y con creces en los teatros Liceo de Barcelona, Real de Madrid y Maestranza de Sevilla.
Tan centrada como vive en el canto y disciplinas afines, a punto estuvo de no confesarnos que es una empedernida lectora de algunos grandes clásicos literarios. También aquí su señas personales son el tesón, la constancia. Baste un ejemplo: cuando tenía cuatro años vio en el cine "Ana Karenina". Insistió en que quería leer la novela de Tolstoi y se la regalaron por su quinto cumpleaños. A los diez años acometió su lectura, frustrándose el temprano intento. Sin embargo, no abandonó la empresa (impresa) que ello suponía; la leyó a los catorce, retornando a ella a los dieciséis para indagar significaciones más profundas.
Das la impresión de haber cantado literalmente durante toda tu vida, ¿cómo y cuándo empezaste de verdad?
Es verdad que la afición y el amor a cantar los he llevado dentro toda la vida. Cuando era una niña cantaba en todos los coros que había a mi alcance. Este amor a la música fue tomando forma poco a poco con mis estudios en el Conservatorio, que en un principio se orientaron principalmente hacia el piano. Luego comencé a estudiar canto paralelamente, y empezó a interesarme mucho la literatura liederística, en aquel momento todavía desde la perspectiva del piano. Durante mis estudios, acompañaba a menudo a mis compañeras de canto en sus primeras actuaciones. Casi sin darme cuenta, cambié el sitio en el lado del piano y pasé a situarme delante del mismo, para acabar descubriendo finalmente mi verdadera vocación. En el Conservatorio di la misma prioridad a todos los aspectos de mi formación; fueron unos años muy intensos pero que tuvieron sus frutos, ya que acabé obteniendo los títulos superiores de Canto, Piano y Solfeo y Teoría de la Música. El premio del Concurso Nacional de Juventudes Musicales en 1993 supuso el inicio de mi carrera como cantante. A partir de ese momento, con absoluto convencimiento, concentré todos mis esfuerzos en completar mi formación y en iniciar mi carrera.
Tu primera profesora, en Valencia, fue Ana Luisa Chova. Después te embarcaste en la hoy casi inevitable ronda de clases magistrales... Háblanos un poco de ello. Con Elly Ameling es un hecho que profundizaste en el "lied" pero, ¿qué has trabajado con Udo Reinemann; la música antigua, el oratorio...?, ¿y con un director de orquesta, como es Hans Graf?
Pienso que el hecho de trabajar con grandes personalidades del mundo del canto, y de la música en general, es importantísimo. La cantidad de nuevas ideas, impresiones y experiencias que recoges en el transcurso de esos días de trabajo tan intenso son innumerables. Son artistas que tienen acumulada la experiencia de una vida entera sobre el escenario, y el hecho de poder compartir un tiempo con ellos te enriquece muchísimo. Yo opino que es esencial que un músico esté siempre abierto a nuevas ideas y a aceptar nuevos consejos. Para nosotros, la formación nunca tiene fin y cada nueva ayuda se agradece mucho. Acerca de las preguntas tan concretas de qué trabajé con cada uno, es difícil contestar: un gran artista intenta ayudarte de una forma global en tu formación y te da sus consejos en todas las facetas que puede, aunque obviamente siempre profundiza más en su especialidad.
Parece que te encuentras muy a gusto en la música religiosa, en el recital. ¿Tiene mucho que ver tu dedicación a estos géneros y modalidades con tu formación y rodaje germánicos?
Yo más bien lo formularía al contrario; es el amor a estos géneros lo que me influyó a la hora de decidir continuar mi formación en Alemania. Consideraba esencial profundizar en el estudio de la interpretación y del idioma en la cuna del "Lied" y del Oratorio. Durante mis estudios de postgrado empezaron, lógicamente, a surgir los primeros compromisos profesionales y esto determinó una vinculación muy estrecha con ese país al iniciar mi carrera.
Los artistas que trabajan vinculándose a una serie de casas de ópera germánicas (véase Stuttgart, Karlsruhe, etcétera), son sometidos a un régimen de trabajo extenuador, por variedad de títulos -no siempre adecuados-, y necesidad por parte del cantante de una fuerza y resistencia a prueba de bomba. ¿No tienes miedo de quemarte un poco?
Esta es una generalización que me parece algo arriesgada. Todo depende del teatro en el que estás y de las condiciones que se negocian en el contrato. Por lo que a mí respecta, sólo puedo relatar mi estancia en la ópera de Leipzig como una experiencia positiva y totalmente decisiva en mi carrera, puesto que he tenido la oportunidad de ir haciendo poco a poco, uno tras otro, los papeles más importantes de mi repertorio actual, y además he tenido la inmensa suerte de trabajar con un equipo de personas que desde un principio creyó y apostó por mí, planificando siempre de acuerdo a mi evolución vocal. Antes de abordar una nueva producción se me ha consultado y mi opinión ha sido siempre respetada. Por ello, es comprensible que sólo pueda hablar favorablemente de mi experiencia.
En Italia, concretamente en la Scala de Milán, has interpretado la ópera "Outis", de Luciano Berio, con el mismo montaje de su reciente estreno, participando también en la misma ópera en la reinauguración del Théâtre Châtelet de París. Además de que quiero que me hables sobre esta obra, la experiencia fue algo coyuntural o sientes un interés particular por la música contemporánea?
A un músico le enriquece conocer todos los estilos. Si la música actual no se interpreta es imposible avanzar en la historia de la música. Por ello, aunque no suponga el centro de mi carrera, no tengo inconveniente en hacer excursiones al terreno contemporáneo cuando me presentan una ópera que se adapta a mi voz y que además es interesante y bella musicalmente, como es el caso de "Outis", "San Francisco de Asís" (de Messiaen), "Elegie für junge Liebende" (de Henze)...
Vamos a retroceder un poco en el tiempo. Yo conocí tu voz en el Teatro Monumental de Madrid, donde cantaste, tras haber ganado un concurso, páginas de "Don Pasquale" y "Rigoletto", ¿en qué año arranca, realmente, tu actividad?
Mi carrera profesional fue arrancando poco a poco entre los años 1993 a 1996. Fueron los años en los que se entremezclaron estudios de perfeccionamiento, concursos y primeras actuaciones de relativa importancia. El debut en la ópera de Leipzig, en 1996, supuso el empuje definitivo para mi entrada en el circuito profesional europeo.
Con toda sinceridad, en el futuro, y refiriéndome a la mayoría de los días, ¿prefieres ser un elemento de una compañía de canto bien engrasada o, digamos, la única figura, con tal consideración, en unas funciones donde no todo esté tan conjuntado?
Yo soy una persona muy trabajadora y detallista. Para obtener calidad hay que trabajar duro y tanto una ópera como un concierto es, según mi punto de vista, un trabajo de equipo en el cual todos los componentes han de tener una absoluta compenetración. Cuando funciona la "química" entre todos, es una sensación indescriptible encima del escenario y esa sensación se transmite, sin lugar a dudas, también al público. Esta es la filosofía que intento llevar a los proyectos en los que participo.
¿Entiendes el canto como un proceso de raíz intelectiva, o bien, al ser un hecho de naturaleza tan sensitiva y física, concedes mayor preeminencia a la intuición?
Creo que ambas cosas hay que tenerlas en cuenta. En las fases de estudio, tanto técnico como musical e interpretativo, el intelecto juega un papel primordial aunque, según mi opinión, no se debe olvidar nunca del todo la intuición. El canto es un juego de sensaciones que durante el estudio se pueden analizar de una manera muy definida: ahí entra la importancia del intelecto. Después estas sensaciones, que a base de buscarlas llegan a automatizarse, pasan prácticamente a formar parte de tu intuición personal. A la hora de una actuación se invierten los parámetros: entonces juega el papel primordial el mundo de los sentimientos, las sensaciones, el corazón, el público... en definitiva, el aspecto intuitivo. El intelecto debe, sin embargo, estar siempre en guardia para poder solucionar los problemas que quizás puedan presentarse. Esto es una percepción muy personal, que a mí me ayuda y que condiciona mi manera de trabajar. No obstante, cada artista es un mundo (unos más intuitivos, otros más intelectivos) y eso forma parte de la personalidad de cada cual. Es esta variedad la que precisamente enriquece el mundo artístico.
En el aria "Caro nome" del CD realizado en Barcelona "Nuestras voces para el 2000", el ritmo que impone el pianista Ross Craigmaile -algo mecánico, picando mucho las notas-, parece que te condiciona un poco la medida y el ritmo, sobre todo al principio (de todos modos, es una versión mucho más que estimable).
Ninguna grabación es perfecta, sobre todo a los ojos (a los oídos) del propio intérprete que repetiría siempre una vez más. Pero ello es imposible, y además, el encanto de una cierta espontaneidad es también importante. Igual que opino que cada cantante es un mundo, cada grabación lo es también, capta una realidad en un momento determinado y no es más que eso, como una fotografía en la que unas veces se sale más favorecido que en otras siendo la misma persona.
Por último, además del canto, ¿qué otros intereses o aficiones tienes en tu vida?
Mi mayor afición es la música. Tocar el piano es una de las cosas que más me llena en mi tiempo libre, y algún día me compraré un violonchelo. También sigo yendo a conciertos y, por todo ello, considero un privilegio poder haber hecho de un "hobby" mi profesión. Otra de mis grandes aficiones es la lectura, así como contemplar la naturaleza, dando un paseo o montando en bicicleta.
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