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 ENTREVISTAS
 
Nancy Fabiola Herrera
Una Carmen de rompe y rasga
Por Diego Manuel García


Allá por 2005 tuve ocasión de mantener una larga conversación con Nancy Fabiola Herrera, que se materializó en la entrevista publicada por nuestra revista en mayo de aquel mismo año. Ya por entonces, la joven mezzo canaria comenzaba su gran despegue a nivel internacional, con su debut en el Metropolitan neoyorquino con la Suzuki de Madama Butterfly. En apenas cuatro años su carrera ha adquirido unas dimensiones que la colocan entre las grandes mezzos actuales, con una altísima cotización a nivel internacional. Posiblemente, sea el papel de Carmen el que le ha otorgado más justa fama, habiéndolo cantado en los principales teatros de ópera de todo el mundo. Su adecuada y suntuosa vocalidad, junto a una exótica presencia de mujer meridional, típicamente española, sumadas a ese temperamento dramático tan necesario para abordar tan poliédrico personaje, la convierten en una Carmen referencial, una Carmen de rompe y rasga, ante la que sucumben todos los hombres, incluidos el romántico Don José y el altivo y chulesco Escamillo.

Tuve ocasión de escucharla en éste, su personaje más paradigmático, para darme cuenta en vivo y en directo de que todos los comentarios que se hacían acerca de su creación de Carmen eran totalmente justificados. Comparativamente a la vocalidad que exhibía en la temporada 2004-2005, pude comprobar que mantenía ese timbre acariciante y aterciopelado de idéntico color en todos los registros, perfectamente urdidos, junto a su característica musicalidad. Sin embargo, en estos últimos años –bajo mi punto de vista- su voz se ha ensanchado adquiriendo mayor corporeidad y rotundidad, junto a una mayor facilidad para proyectarla.

Lejos de encasillarse en personajes y repertorios que le son más afines, Nancy Fabiola Herrera va añadiendo en cada temporada nuevos papeles de variopinta procedencia, tan comprometidos como la Adalgisa de la belliniana Norma y esta misma temporada, Sara de Nottingham del donizettiano Roberto Devereux, y en un registro totalmente diferente, la Dalila del Sansón y Dalila de Camille Saint-Saëns

Usted ha hecho de Carmen su papel más paradigmático, por vocalidad, presencia escénica y temperamento dramático. Hábleme de su concepción de este personaje y de cómo lo ha ido perfilando y desarrollando en los últimos años.


Carmen es el personaje en el que puedo plasmar todas mis características vocales y escénicas. Mi identificación con esta altiva y libre gitana resulta total. Carmen no le va bien a todas las mezzos ni a las sopranos que se atreven con el personaje, excepción hecha, por ejemplo, de una Rosa Ponselle o de nuestra Victoria de los Ángeles, que hicieron grandes creaciones de este complejo personaje. Carmen requiere un color y colocación de la voz bastante concretos, con un centro pastoso y facilidad en graves y agudos. También precisa saber utilizar la voz de pecho en una justa medida, sin llegar a abusar de ella. Se trata de un papel muy peculiar ya que, salvando las distancias, tiene ciertas similitudes con la Violeta de La Traviata, que requiere tres tipos de vocalidad. Carmen es un papel muy complicado y, aunque suene chauvinista, debe ser interpretado por una cantante española. Hay algunas características que, aunque se domine perfectamente la partitura, no se pueden aprender y comprender si no se conocen los ambientes en que se mueve Carmen. Es preciso haber estado en Sevilla, con su luz y la risa contagiosa de sus habitantes, para entender ciertos planteamientos de esta ópera. El personaje de Carmen es tergiversado en muchas ocasiones, presentándolo casi como una ‘fulana’ o intelectualizándolo en demasía para mostrarlo como una “femme fatale”. Ella es, ante todo, una mujer práctica, que no pierde su tiempo divagando y que necesita a su lado un hombre con las ideas claras. Preparé Carmen con la gran soprano francesa –ya lamentablemente desaparecida- Regine Crespin. Unos de mis modelos es la creación de la gran Teresa Berganza, quien proveniente e intensa cultivadora de otros repertorios, supo en su madurez construir una Carmen adecuada vocalmente y de grandes dimensiones dramáticas. Es el papel que más veces he cantado en el curso de doce producciones y casi cien funciones. En los últimos años, sobre todo a partir de debutarlo en el Metropolitan neoyorquino a finales de 2005, lo he ido madurando y perfilando cada vez más, siguiendo las directrices de grandes registas como el legendario Franco Zeffirelli en su histórica producción o de Francesca Zambello, hasta convertirlo en el papel que vivo con más intensidad y tensión dramática.

Toca de maravilla las castañuelas, algo esencial en este papel que, sin embargo, no todas las intérpretes de Carmen dominan.

Efectivamente, tocar bien las castañuelas resulta esencial a la hora de abordar la Carmen, formando una parte muy importante de su gran escena con Don José del Acto II. Esto no ha estado al alcance de muchas famosas cantantes, y le pongo el ejemplo de la gran mezzo griega Agnes Baltsa, quien interpretó mucho este papel y, sin embargo, no tocaba las castañuelas. Le comento como curiosidad que en ese video de la producción dirigida musical y escénicamente por Herbert von Karajan con la interpretación de otra magnífica Carmen como Grace Bumbry, le tocaba las castañuelas Lucero Tena.

Muestra una gran versatilidad interpretativa al alternar papeles trágicos con otros de gran comicidad como el Orlofsky de Die Fledermaus o la Isabella de L’Italiana in Algeri.

Necesito también esos roles más cómicos y distendidos que me relajen de la tremenda tensión dramática de otros tan trágicos como Carmen o Sara de Nottingham. Cantar el Orlofsky fue una verdadera gozada, con esas cómicas inflexiones vocales y su extravagante presencia que domina todo el Acto II de El Murciélago de Johann Strauss hijo. En cuanto a la Isabella de L’Italiana en Algeri que canté en mi querido Teatro Villamarta de Jerez, es otro papel que propicia mi registro cómico y que me gusta sobremanera.

En nuestra conversación de 2005 me manifestaba su gran deseo de cantar Amneris de Aida.

Aunque he afrontado con éxito diferentes papeles verdianos como Fenena de Nabucco o Magdalena de Rigoletto, siempre he tenido el anhelo de incorporar a mi repertorio la Eboli de Don Carlo y, sobre todo, Amneris. Cuando iba a producirse la reapertura del Teatro Colón de Buenos Aires, me propusieron interpretarla. Yo estaba encantada, pero el proyecto no llegó a materializarse. Por tanto, espero una nueva oportunidad futura de cantarlo. También otro de mis retos, dentro de unos cuantos años, es cantar la Azucena de Il Trovatore.