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| ENTREVISTAS |
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La vida
según Ainhoa Arteta
Por Paz Ramos
Quizá los
diecisiete años que Ainhoa Arteta vivió en Nueva
York le hayan dado ese toque de ‘starlette’ que
ella valora en su justa medida, porque lo importante no es
sólo el atractivo físico que ahora tanto
solicitan los directores de escena, sino la magia que se produce con
una buena voz en el escenario. Es guipuzcoana, de Tolosa, y una noche
de 1990, en un auditorio gigantesco de San Sebastián como lo
es el Polideportivo de Anoeta y dentro de la Quincena Musical
Donostiarra, arrasó junto a Plácido Domingo;
tenía 25 años y desde entonces su carrera ha
estado plagada de éxitos. Ha sido Violetta, Gilda, Micaela,
Julieta, Blanche, Dulcinea, Mimi, Liu, y otros grandes personajes
operísticos, bajo la batuta de directores como Tilson
Thomas, James Levine o Sir Neville Marriner. Ainhoa Arteta ha podido
comprobar que los sueños, algunas veces, llegan a hacerse
realidad. Conocida sobre todo por sus actuaciones
operísticas, también se siente atraída
por el recital y por la canción de concierto. Ahora nos
sorprende con su nuevo trabajo discográfico, La vida, un
álbum de temas populares, lanzado en diciembre, y producido
por Javier Limón. El pasado 25 de enero recibía
por este trabajo un disco de platino en el Instituto Cervantes de Nueva
York. El disco fue presentado con enorme éxito en el Teatro
Lope de Vega de Madrid, ciudad en la que Arteta volverá a
cantar el próximo 27 de marzo, como protagonista del I
Concierto Extraordinario de Primavera, que organiza la
Fundación Orfeo y patrocina la Obra Social Caixa Catalunya,
con la colaboración de AVERTIA y SAP. Para este concierto,
que tendrá lugar en el Auditorio Nacional de Madrid, ha
escogido un variado programa compuesto por obras de Piazzolla,
Guastavino, Montsalvatge, Granados y Turina. Sus más
inmediatos proyectos incluyen una Manon en Las Palmas, Turandot en el
Liceo de Barcelona y un Cyrano de Bergerac en San Francisco,
además de una serie de conciertos sinfónicos.
En La vida (canción que da
título al disco porque es un tema que escuchó
mucho con su madre) hay canciones de Eric Clapton, Los Beatles, Jacques
Brel, y Silvio Rodríguez, además de boleros y
canciones mejicanas. Este álbum se ha convertido
inmediatamente en un éxito de ventas, alcanzando muy pronto
el disco de oro, que le entregó el Alcalde de San
Sebastián, Odón Elorza, y en apenas dos meses el
disco de platino, que recogió en Nueva York.
Sería un sueño conseguirlo con la
clásica, ¿verdad?
Sí, ha sido una grandísima suerte. La
discográfica apuntaba fuerte pero no se creía que
el éxito fuera a ser tan rápido; pensaban, y
siguen pensando, que es un disco de largo recorrido porque es
atemporal, no se trata solamente de un álbum de Navidades
(que es cuando salió), sino que se supone que se
seguirá vendiendo. Pero el arranque del disco ha sido
fulminante y eso es lo que nos ha sorprendido a todos.
Esta ha sido su primera incursión en la
música pop. Ha grabado ópera, zarzuela, lied y
canciones de su tierra vasca, pero ahora nos ofrece su voz
más contenida en estas canciones populares.
Es el primer disco de estas características que he grabado y
me ha costado mucho decidirme a hacerlo porque precisamente los
cantantes líricos hacemos tal esfuerzo para llegar adonde
llegamos, que siempre tienes miedo de que un disco así
destruya toda la carrera que te has labrado hasta entonces. Creo que la
oferta llegó en un momento en el que yo consideraba que ya
estaba claro que mi carrera era la que era y que estaba bien situada
después de casi veinte años de
consolidación internacional, cantando en todos los teatros
del mundo, como la Scala, el Covent Garden, el Metropolitan…
La otra duda que tenía es que las discográficas
no se animan a grabar clásico porque dicen que no venden. La
cruda realidad es esa. Las cifras que alcanza la venta de un disco son
tan bajas que no dan ni para cubrir los gastos de grabación.
Si un artista quiere grabar clásico,
entonces tiene que crear su propio sello y financiarlo o si no,
someterse a lo que quieran las discográficas.
El planteamiento que hacen hoy día respecto a lo
clásico es “te lo grabas tú y te lo
financias tú” y claro, sabes que si te lo grabas y
lo financias y las copias que vendes son mínimas, entonces
no te da ni para los gastos. Esa es la cruda realidad y todo el mundo
debería saberlo. Entonces me planteaba esto, pero en Vale
Music Universal se comprometieron a hacer conmigo un disco de arias de
ópera de Puccini con Miguel Ángel
Gómez Martínez, que está ya para
grabarse. Pero claro, antes había que hacer un disco que
abriera un poco el panorama para poder vender. La situación
es la que es y hay que explicarla, la gente debería ser
consciente de que cada vez que bajan y descargan un disco de Internet
están haciendo un daño tremendo, no
sólo a la industria discográfica, sino
también a los artistas, porque de esa manera
están matando el arte. En Francia y en Inglaterra se
están metiendo de lleno con este tema y allí no
es tan fácil descargarse música. Si lo haces, a
la segunda descarga te desconectan, pero en España
todavía no se ha hecho nada. Hace poco leí una
entrevista del Ministro que me alegró mucho;
decía que iba a tomar cartas en el asunto porque nos estamos
cargando la industria y a nuestros artistas, con esa gran cantera que
hay. Volviendo a La vida, me decidí a grabarlo no
sólo por el tema de abrir el espectro para poder vender el
clásico, sino porque, además, tuve la gran suerte
de que entrase Javier Limón a colaborar en el proyecto. De
esta manera, este disco ha sido para mí una gran
satisfacción desde el instante en que empecé a
hacerlo hasta ahora.
El productor y compositor Javier Limón
ha dejado ya su huella en discos como Lágrimas negras de
Bebo Valdés y Diego el Cigala o en Cositas buenas, de Paco
de Lucía. ¿Era una garantía para
grabar este disco, con trece temas melódicos en los que
forzosamente tiene que bajarse de la tesitura de soprano
lírica?
Totalmente.
Es otro tipo de canto; digamos que se abren
muchísimo menos las compuertas. Tengo que decir que, para
haber llegado a ese punto de canto, me ha ayudado mucho el recital. Es
un canto mucho más modulado que el de la ópera y
más aún que el del recital. Yo creo que la buena
música y cantar algo hermoso es totalmente
legítimo. Cuando la música es buena y
está bien interpretada, transmite emociones y eso es lo que
cuenta.
Volverá a Madrid el próximo
día 27 de marzo, porque ofrece en el Auditorio Nacional un
recital con motivo del I Concierto Extraordinario de Primavera, que
organiza la Fundación Orfeo. Estará
acompañada al piano por Roger Vignoles y ha escogido un
amplio programa con obras de Ovalle, Lacerda, Guastavino, Piazzolla,
Montsalvatge, Granados y Turina. Una buena combinación.
He querido agrupar canción española con el lied o
la canción sudamericana. Me gusta mezclar ambos
géneros en la segunda parte, por la conexión
latina entre ambos, y creo que el modo en el que se conjugan la primera
y la segunda parte quedará bien de cara al concierto.
Es de preveer que el concierto sea un
éxito y quizás ofrezca algún bis, a lo
mejor algo de Antón García Abril. Le vimos en el
Teatro Lope de Vega con su mujer Áurea, participando de su
éxito. Ha cantado bastantes cosas de este gran compositor
turolense, como sus Dos poemas de Antonio Gala, o esa
canción popular asturiana Ella lloraba por mí.
He cantado muchas cosas de Antón y creo que es uno de los
más grandes compositores vivos. Y además, si se
le conoce como persona, se comprende que alguien así de
grande haga tan buena música.
También la vimos hace unos meses junto
a la Orquesta Nacional, en el Auditorio Nacional, en Madrid, con
canciones no muy conocidas del maestro Joaquín Rodrigo.
Era un programa muy bello, y me hacía ilusión
interpretarlo porque del maestro Rodrigo se conocen composiciones como
el Concierto de Aranjuez o las Canciones de los madrigales, pero tiene
otras obras maravillosas, como esas canciones que se estrenaron en el
Auditorio aquel día. La verdad es que hay una buena parte de
su repertorio que es ignorada y tendríamos que sacarla a la
luz. En el caso de estas canciones he podido interpretarlas porque eran
obras vocales, pero queda tanto por dar a conocer… Tenemos
el deber de recuperar y grabar todo ese material de nuestros
músicos, porque hay grandísimos artistas
españoles. Es una pena que nos carguemos la industria
discográfica clásica y que no ayudemos en esto.
Es cierto; por ejemplo, recientemente un joven
pianista, Luis Fernando Pérez, ha tenido que financiarse su
propio disco de la Iberia de Albéniz y ahora está
grabando la música del Padre Soler. Tenemos
músicos muy grandes y desconocidos, como puede ser el propio
Arriaga, que se programan poco en su propio país.
Ahora que me hablas de Arriaga, la cruda realidad es ésa;
hace meses grabé con Sir Neville Marriner un aria
maravillosa de este músico y no sé si se
habrán vendido cuatrocientas copias. Fíjate
qué diferencia. Y claro, nos guste o no, hay que abrir
mercado y a través de ese mercado lograr que la gente
conozca más otros de tus trabajos. Por eso estoy convencida
de que ahora con el disco de La vida habrá gente que
irá a una tienda a ver la discografía de Ainhoa
Arteta y descubrirá el disco de Arriaga.
Los concursos han sido determinantes para abrirse
camino; ganó dos importantes el mismo año: el
Certamen del Metropolitan Opera Nacional Council Auditions de Nueva
York y el Concurso Internacional de Ópera Plácido
Domingo.
Los dos me ayudaron, yo hice el concurso del Metropolitan, que
gané, y a los quince días el de París,
que también lo gané. Fueron dos concursos
decisivos para mí, sin ninguna duda. En el del Metropolitan
conocí a los que fueron mis agentes americanos
internacionales. Respecto al de Plácido Domingo, me
abrió las puertas de Europa y después tuve
contratos con la ópera de Washington.
Tendrá buenos recuerdos de la Quincena
Musical donostiarra, donde ha obtenido grandes éxitos, como
en aquella edición de 1997 cuya apertura corrió a
cargo suyo. Y además, debe ser muy especial cantar en su
ciudad.
Para mí cantar, no sólo en San
Sebastián, sino en toda España, me resulta
especial por varios motivos; primero, porque tenemos un país
que de verdad es un gran país. Tenemos la suerte de que la
gente sea estupenda y además, se come de maravilla. Cantar
aquí me supone estar cerca de los míos, cerca de
mi hija Sara, que tiene ocho años; porque hoy en
día criar a un hijo no es nada fácil cuando haces
una carrera. Por varios motivos, me gusta mucho cantar en
España y lo hago siempre que puedo.
Vamos a las pasiones, por los caballos y los
toros.
Mi pasión por los cabellos desde pequeña se debe
a la belleza del animal. Pero empecé tarde a montar, por eso
no engancho como yo quisiera; aún así me
apasiona. Estas Navidades me tomé un poco de tiempo, y pude
centrarme y montar un poco más. Es una maravilla, de verdad,
y entiendo que la gente familiarizada con este mundo se apasione tanto.
Además, luego está la comunicación con
el animal, que es algo muy hermoso.
Volvemos a la ópera: estrenó
la cantata Dulcinea, del cordobés Lorenzo Palomo, un
compositor español que lleva veinticinco años en
la ópera de Berlín, ciudad en la que reside y que
aquí apenas es conocido. Palomo dice que Ainhoa era su
Dulcinea ideal porque combinaba el cantar bien con la belleza, porque
en ese papel tenía que encarnar el símbolo del
amor.
Es una belleza de obra, de otro compositor fabuloso, Lorenzo Palomo,
poquísimo conocido aquí, pero que es un dios en
Berlín. Eso es lo que debería ser en
España.
Tiene un intenso recuerdo de Diálogos
de Carmelitas, de Francis Poulenc, en el que interpretó el
papel de Blanche, en un momento difícil para usted.
Lo hice en Bilbao, fue un rol apasionante. Yo ya había
cantado a Poulenc en el Metropolitan con Levine y tengo que decir que
aquella partitura era muy divertida, lo que se dice música
con mayúsculas. Pues bien, este papel de Blanche es
verdaderamente difícil y tuve que abordarlo en un periodo en
el que estaba pasándolo muy mal, pues mi madre estaba
enferma. Se trata de un personaje vocalmente complicado y
emocionalmente durísimo, pero aún así
me encantó poder hacerlo.
Creo que otra de sus pasiones es la
poesía de Pedro Salinas, un gran poeta de la
generación del 27 que cantó como nadie al amor.
Presagios, La voz a ti debida o Razón de amor son
bellísimas, seguro que las sabe de memoria…
Serás amor, un largo adiós que no se
acaba…Ni en el llegar, ni en el hallazgo tiene el amor su
cima, es en la resistencia a separarse en donde se le siente desnudo,
altísimo, temblando…Para una cantante que viaja
por el mundo entero, el amor -no sólo de su pareja o de su
hija-, el estar lejos, se siente de esa manera que describe Salinas. Te
preguntas cómo ha podido escoger palabras tan certeras, que
cuando las lees sientes que ha descrito a la perfección tus
sentimientos. Solamente hay que leerlo y sentirlo, y es así
como yo lo siento.
Hace unos días, por la noche, me acordaba de ello. Hablo
mucho con mi hija cuando estoy de gira y la veo con el SKY (es una
suerte disponer de estos avances tecnológicos). Pues bien,
aunque puedas verla sientes que hay una parte que siempre
está ausente y esa parte es la que te hace sentir la
distancia, el no poder tocarla, ni abrazarla. Y entonces piensas
“Dios mío, me estoy perdiendo algo tan fundamental
con un ser tan querido. No sé si esto merece la
pena”.
¿A Sara le gusta
cantar?¿Sigue por la tele a su madre?
No te creas, ella tiene una relación de amor-odio con ese
tema. Fíjate el poder que pueden tener la música
y el arte que, cuando estás en un escenario, ese arrebato
que sientes, esa fuerza interior tan inmensa, te alimentan de tal
manera que piensas “No quiero prescindir del amor de mi hija,
ni del de mi pareja pero tampoco puedo prescindir de esta
sensación que me produce interpretar cierta
música”. Muy fuerte tiene que ser para ser algo
tan grande como tu familia o tus hijos. No podría ser feliz
sin cantar, porque me quitarían algo fundamental.
Tiene pendiente por ahí una opereta que
encargaron a Puccini, por cuya composición le pagaron una
pequeña fortuna; se trata de La Rondine, La golondrina. Fue
un reto para Puccini experimentar en este terreno y
consiguió un gran éxito en su estreno en 1917,
aunque actualmente se incluye poco en los teatros
operísticos.
Sí, es verdad que ahora va a salir en DVD una Rondine que
grabé en Washington. Es una obra que encargaron a Puccini en
1913 los directores del Carltheater de Viena. También tengo
de cara al verano un Réquiem de Fauré, con Pablo
González, que es un joven director maravilloso. Tengo
pendiente además una gira con temas de Albéniz,
bajo la batuta de Gianandrea Noseda y ahora estoy preparando mi primera
Manon en Las Palmas y luego Liu, de Turandot que debuto en el Liceo. Ya
canté este papel en la misma producción, dirigida
escénicamente por Nuria Espert. Me hace muchísima
ilusión trabajar con ella porque es una gran actriz y una
mujer de teatro maravillosa y eso nos hace mucha falta en la
ópera.
¿Algún director de escena le
ha puesto en una postura imposible de cantar?
En Munich me plantaron cantando la escena de la Iglesia en un
frigorífico, subida como a veinte metros de altura y luego
me tenía que tirar, toda una locura. Independientemente de
que yo cantase dentro o fuera de un frigorífico me
pareció que la concepción escénica de
la obra estaba bien. Independientemente de que ciertas ideas puedan ser
geniales o no, lo cierto es que hay directores que no se preocupan de
si va a resultarte más o menos fácil cantar
allí. Lo cruel de esto es que si no quieres hacerlo, siempre
habrá alguien dispuesto a ello. Esto me lo contaba mi
querido amigo Ramón Vargas al que pusieron en la
situación de tener que hacer un Rigoletto vestido de mono
del planeta de los simios. Lo triste de esta historia para
él era que sabía que si no lo hacía,
iba a saltar cualquier colega o compañero a hacer esta
burrada y entonces lo que sucede es que tú te quedas sin
trabajo y todo eso sigue adelante.
Entre sus actuaciones más
célebres está su participación en la
ópera Fausto en la Bayerische Staatsoper de Munich; La
Traviata o La Boheme, en el Metropolitan; Fedora, Romeo y Julieta,
Turandot, Cosi fan tutte, Carmen, etc. También ha hecho
zarzuela; grabó una Doña Francisquita y un disco
con temas de zarzuela y música renacentista. Tiene un
montón de premios, como el de la Hispanic Society of
America, al de mejor Artista de Música Clásica o
el Federico Romero. Además, acaba de conseguir el Tambor de
Oro en San Sebastián y su disco de platino por La vida.
Ahora que su voz de soprano lírico puro está
yendo casi hacia el spinto que es la tesitura en la que dice se mueve,
¿cuál sería su personaje favorito?
Me encanta hacer la Mimí de La Boheme. Y una
ópera en la que me gustaría mucho meterme y que
estoy disfrutando enormemente estudiándola es Manon, que voy
a hacer ahora.
“No podría ser feliz sin
cantar”
“Cuando los cantantes líricos grabamos un
“crossover” tenemos miedo de que eso destruya
nuestra carrera”
“La gente debería ser consciente de que cuando se
bajan un disco de Internet están matando el arte”
“Tenemos el deber de recuperar y grabar todo ese material
desconocido de los grandes músicos
españoles”
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