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Pilar Jurado, puro
fuego
Por Paz Ramos
He seguido muy de cerca la
carrera de Pilar Jurado desde aquella noche memorable en un
cálido verano de 1998, cuando le entregamos un premio de
música clásica que se concedía por
primera vez a una artista en su triple faceta de soprano, compositora y
directora, una fecha que quedó grabada en mi memoria porque
también recogía el Premio Especial Ojo
Crítico mi querido Alfredo Kraus. La que entonces era una
joven promesa está ya en lo más alto dentro de
ese difícil mundo de la música
clásica. Su sentido de la disciplina, su
vocación, su afán perfeccionista y sus triunfos
como soprano y compositora le han valido que el Teatro Real le encargue
una ópera, la primera que realiza una mujer para el coliseo
madrileño y que se estrenará en febrero de 2011.
Su título es La página en blanco.
Pilar Jurado tiene la capacidad de dialogar
íntimamente con los compositores de todas las
épocas, de todos los estilos, desde Franco Donatoni,
Tomás Marco, José Luis Turina, Marlos Nobre a
Haendel, Stravinski, Mozart o Rossini.
Entró en contacto con la
música por pura vocación, y si bien no hay
músicos en su familia, su madre siempre la apoyó,
y a ella le dedicaría su primera composición.
Pilar es madrileña y estudió en el Conservatorio
Superior de Música, donde obtuvo la titulación
superior en canto, piano, composición, dirección
de orquesta y pedagogía musical. Ha estado siempre asumiendo
retos, desde el éxito conseguido en 1992 con el estreno de
la obra Antigua Fe, de Luis de Pablo, hasta su debut en el nuevo Teatro
Real con La vida breve, de Falla, y más tarde con la
ópera La señorita Cristina, también
del músico bilbaíno, o en el Teatro del Liceo con
la ópera de José Luis Turina D.Q. con
dirección escénica de La Fura dels Baus o en el
Teatro de la Zarzuela, con El viaje circular, de Tomás
Marco.
Pilar Jurado es un mujer involucrada en todas las
facetas musicales posibles, siempre dando un paso más en la
música, buscando nuevos retos como hizo en PJ Proyect -una
fusión entre la música contemporánea y
el pop a través del tamiz de la electrónica- o
TransOpera (disco y espectáculo) que Pilar llevó
a los más importantes escenarios españoles y
brasileños. Su apuesta mas personal, en la que casi se ha
dejado la piel, ha sido la grabación realizada con la Joven
Orquesta Nacional de España, bajo la dirección de
Patrick Davin, con L´Arte Della Coloratura, con arias de
Mozart, Verdi, Bellini, Donizetti, Stravinski y Rossini. La
interpretación de este programa en el Auditorio Nacional de
Madrid, le ha procurado un gran éxito de crítica
y público.
A veces han criticado a Pilar Jurado por no centrarse en una sola
faceta, pero si es capaz de tocar todos los palos y hacerlo bien,
¿por qué poner puertas al campo?
Creo muchísimo en un ser como el artista renacentista, todos
llevamos dentro una parte creadora y una parte activa en cuanto a la
música y a mí, como músico, me parece
que renunciar a algo sería renunciar a Pilar Jurado,
renunciar a mí misma porque yo necesito hacer todas esas
cosas para realizarme como ser humano. Sería como si
solamente estuviese permitido hablar de determinados temas y no poder
mencionar otros cuando son parte de tu universo interior. En cierto
modo, lo que he hecho ha sido ser honesta conmigo misma, soy una
persona muy inquieta, me encantan muchísimas cosas en la
vida, tengo mucho tesón cuando algo me interesa realmente.
En eso soy muy capricornio, voy hasta las últimas
consecuencias y en ese momento la gente piensa que hacer todo esto es
no renunciar a nada y no es cierto; he renunciado a muchas otras cosas,
creo que la aceptación y la renuncia son parte de la
historia de la vida. Todos tenemos historias de aceptaciones y
renuncias. En este caso yo estudié la carrera de piano y sin
embargo no me dedico a tocar aunque lo haga continuamente para
mí y para trabajar, pero no he desarrollado esa parte
artística, he desarrollado más la parte de
intérprete vocal porque considero que es ahí
donde realmente soy más yo y donde podía dar
más de mí. Lo que sí he hecho es no
decir jamás que no a cosas que sí
creía que podía hacer aunque eso supusiera mucho
mas esfuerzo, más dedicación y más
horas. Eso puede hacer que tu propia vida privada sufra en ese aspecto
pero creo que, en mi caso, todo ese esfuerzo queda compensado por todas
las satisfacciones que me está dando en mi vida profesional.
Para poder grabar lo que más le
interesa en cada momento ha creado su propio sello
discográfico, TransOpera Digital, financiado y gestionado
por usted misma, lo que le da una independencia absoluta para elegir
los temas que quiere grabar en cada caso.
Para
mí eso estaba muy claro. Llevaba pensando en ello cinco o
seis años y quizá a veces es la vida la que te
dice cuándo es el momento y el momento era ahora. De hecho,
hay otras grabaciones que están hechas y que en
próximos meses van a salir al mercado con otro tipo de
música, como el concierto monográfico que hice en
el Auditorio Reina Sofía, con los Berliner solistas, y
también un monográfico sobre Marlos Nobre. En el
mundo en que vivimos las discográficas apuestan de una forma
muy arbitraria, sobre todo en un mercado que no permite hacer lo que
quieras porque no es tan comercial como podía haber sido
hace veinte años. Por eso suelen ser proyectos mucho
más comerciales y más abiertos al gran publico.
Pienso que es igualmente lícito el querer llegar a un
público más amplio, pero tengo claro que un
artista también tiene la obligación de hacer el
camino que quiera hacer y a veces el panorama cultural en el que
estamos viviendo no lo permite, no sólo en la
música sino también en la literatura. Por eso
está surgiendo mucha autoproducción.
En
este disco y DVD he cuidado no sólo la parte musical, que
es lo más importante en un disco, también esa
otra parte de imagen de presentación del trabajo muy cuidado
a la hora de editar, de buscar lo especial porque el glamour es algo
que la sociedad ha ido perdiendo en los últimos
años y me parece algo necesario. Cuando el
público va a un concierto lo que quiere es algo
más y ese “algo más” es la
magia que lleva consigo el arte, y la magia se crea con esa puesta en
escena. Yo me considero una persona cercana pero entiendo que cuando
uno se sube a un escenario se convierte en una sublimación
de sí mismo, te conviertes en algo diferente, en algo que no
es lo cotidiano. En mi caso quiero rodearlo de toda la magia, de todo
lo bello porque me parece que la belleza está en todo, en la
música, en tu puesta en escena, en tus programas, en
cómo vives el hecho musical… Para mí
es fundamental y sé que en algunos momentos los artistas,
sobre todo en la música más
contemporánea, han querido renunciar a esto y yo siempre he
dicho que era una equivocación. Cuando he estrenado alguna
de mis obras he intentado que tuviera lugar ese algo especial, que hace
que el público salga con la idea de que ha vivido un momento
único.
Y al final, cuando apuestas como he apostado yo por este trabajo, la
mayor recompensa que puedes tener es el recibimiento del
público.
En 1997 formó parte del elenco que
reinauguró el Teatro Real, fue Carmela en La vida breve, de
Falla; más tarde la Barbarina, de Las bodas de
Fígaro o la Frasquita, en Carmen. También
participó en La señorita Cristina,
ópera encargada por el Real a Luis de Pablo. No
sé si entonces llegó a pensar que este teatro le
encargaría una ópera después del
enorme éxito alcanzado en el Festival de Cuenca con otro
encargo, nada menos que un Stabat Mater, una obra que compuso e
interpretó en su estreno.
Mi
historia con el Teatro Real es muy larga, porque estudié
en el edificio cuando el Conservatorio estaba allí. Cuando
se cerró para hacer la reforma, lo último que se
hizo fue un concierto con obras de orquesta de los alumnos de
composición, entre ellas mi primera pieza compuesta para
orquesta. Luego, coincidencias de la vida, participé en la
reinauguración de ese edificio que es para mí tan
emblemático. Así que recibir un encargo del Real
para realizar el gran sueño de la vida de un compositor es
mucho más que eso: es ligarme de por vida
históricamente a uno de los espacios que más ha
significado para mí en el mundo de la música. Son
ese tipo de jugadas del destino las que te hacen creer que hay algo
mágico en el universo.
Para su primera ópera ha elegido un
sugerente título La página en blanco, un trhiller
psicológico.
Para
mí era muy importante buscar un ritmo
cinematográfico a la ópera porque si en el siglo
XIX la gente se acercaba al teatro en sus ratos de ocio para divertirse
con alguna historia, hoy en día el público va al
cine. Estamos acostumbrados a gran cantidad de imágenes, a
mucho movimiento, a grandes cambios de escena,
iluminación… Creo que el público que
acude a la ópera necesita también sentirse
identificado con lo que va a ver. Por eso yo quería utilizar
temas muy actuales y me parecía que el género del
thriller posee ese ritmo tan trepidante que mantiene al espectador
durante hora y media pegado a su butaca. Eso me parecía
importante como idea de partida. La historia es mía. Ahora
estoy trabajando en el libreto y no descarto colaboraciones en
él, porque una ópera es el hecho musical donde
más artes se dan la mano si bien para mí es
fundamental la música. Es ahí donde toda la
responsabilidad es totalmente mía pero también el
tener un buen libreto, una buena historia. Es muy difícil
que te hagan un libreto y lo he comentado con muchos otros
compositores, porque los Da Ponte de entonces estaban acostumbrados
porque eran muchos los que escribían tanto textos como
música para ópera. El problema es que el encargo
de óperas ha sido algo casi inexistente desde hace
muchísimos años; por eso, que alguien se aventure
a hacer una ópera es un riesgo absolutamente personal y ha
disminuido mucho la producción. Por eso, esa saga de
personas que vivían de escribir libretos ha desaparecido, no
existe como tal. Hay una cosa a mi favor: que conozco la
ópera desde atrás y esto te permite saber los
tiempos que se necesitan para mover esa gran máquina que es
una ópera, donde hay muchísimas personas
trabajando para que se ponga en pie. Cuando eso se desconoce no se dan
cuenta que se necesitan demasiados tiempos. Cuando pienso en la
ópera lo hago estrictamente en el hecho musical sino en ese
gran maremagno de situaciones que se producen y que hay que controlar.
Aunque luego llegue un director de escena que reelabore todo, hago
muchas acotaciones de lo que quiero que ocurra
escénicamente.
¿Qué va a ocurrir entonces
en esa Página en blanco?, ¿tiene ya contenido y
personajes?
Tiene,
sobre todo, una cosa importante que es la idea global de la
obra, que es fundamental para imaginar lo que va a ocurrir en el
teatro; no tiene que haber asesinatos, es un thriller
psicológico. Siempre he pensado, como decía
Bartok, más en la evolución que en la
revolución. Creo que la ópera necesita una
evolución, como todas las artes, y que no se puede componer
de la misma manera en el siglo XXI que en el XIX. Pero
también hay determinadas claves que han hecho que la
ópera funcione y en esas claves están
determinadas cosas que no pueden faltar, como tampoco pueden faltar en
la vida; tiene que haber una historia de amor, pasiones, desencuentros,
miedos y sorpresas. Creo que al final todo eso es lo que va elaborando
la obra y es importante para mí que haya una trama, contar
una historia. Eso es lo que ocurrió con el Stabat Mater. El
gran acierto fue aproximarlo más a la espiritualidad que a
la religión; hacer que la gente encontrase un sentido actual
y real a ese Stabat Mater y no quedarse simplemente en el mero hecho
musical. Quiero hacer un poco lo mismo en esta ópera:
acercar al espectador a una historia con la que se puede identificar de
alguna manera para introducirle dentro del universo que yo voy a crear.
¿La página en blanco
tendrá un protagonista masculino o femenino y
cuál sería el cantante ideal para ese personaje?
Hay
un máximo protagonista que es masculino y es un
compositor. La página en blanco tiene muchas acepciones; es
lo que es la vida: una página en blanco. Utilizo muchos de
los significados de la página en blanco. El protagonista es
un personaje muy pasional en el que se produce una evolución
psicológica muy importante de principio a fin. Me parece que
le iría bien un intérprete como
Plácido Domingo, que además de cantante es un
gran actor y una gran persona… Pero todavía no se
puede hablar de quien interpretará este rol, pero
sí es importante tener lo más claro posible
cómo son los personajes porque me interesa trabajar desde
las posibilidades de cada cantante para poder sacar lo mejor de ellos;
porque, al margen de las obras se interpreten con diferentes cantantes
con el paso del tiempo, creo que buscar el perfil vocal y
psicológico de cada personaje es más
creíble cuando ya tienes en mente a la persona que va a
darle vida.
¿No agobia un poco tener fechas
cerradas para componer una ópera o es necesario para
acabarla de una vez?
A
mí no me da miedo; creo que, al contrario, los
compositores necesitamos tener fechas cerradas porque si no, es un
desastre. Es de todos sabido que estamos trabajando hasta la
última semana. Además, yo escribo muy bien con
presión, funciono con mucha más rapidez y
más claridad.
La experiencia con Franco Donatoni fue muy
importante, también con maestros como Cotrubas, Bergonzi,
Domingo y sobre todo Isabel Penagos. ¿Cómo era
Donatoni?
Era
un ser excepcional en muchos aspectos, para lo bueno y para lo
malo. Era una persona con un gran caos vital y a la vez con una
genialidad, una persona de una gran generosidad y con una inteligencia
como pocas. Por ejemplo, era capaz de leerse un libro el día
anterior y decirte al día siguiente tres páginas
de memoria, tal era la capacidad mental que tenía.
Así, le dabas una pieza que acababas de escribir y era capaz
de ver rápidamente cuál había sido tu
idea, de dónde habías partido y si alguna nota
estaba equivocada. Tú necesitabas mucho más
tiempo para recomponerlo todo y darte cuenta. Con esa clarividencia en
cuanto a la construcción musical, era un profesor de una
vitalidad increíble. A mí no me entusiasma toda
su música pero sí tengo que decir que una buena
parte de ella me parece muy interesante. Luego está el hecho
de que muchos años después de nuestro primer
encuentro fui la primera intérprete en grabar su obra Arie,
la más difícil que he registrado en mi vida. Fue
con la Netherlands Radio Symphony Orchestra, dirigida por Arturo Tamayo
y lo recuerdo como uno de los momentos mas especiales de mi vida porque
todo fluyó con una naturalidad increíble, y
sentí la admiración de todos los profesores de la
orquesta. El disco recibió tantísimos premios que
fue un orgullo haberlo hecho. Cuando yo empecé a estudiar
con Donatoni le puse por primera vez la grabación que
había hecho de Antigua fe, y me preguntó si
conocía Arie, a lo que le respondí que no.
“Pues esa obra te iría bien a ti”. Y
curiosamente fui yo quien acabé grabándola, pero
la gran pena es que él había muerto dos
años antes, en 2000. El que haya una conexión
así con el autor de una obra que estás haciendo
es verdaderamente emocionante.
Con la grabación del disco sobre el
arte de la coloratura ha cumplido uno de sus sueños. En
él ha incluido un número perteneciente a la
Zerbinetta de Ariadna en Naxos de Richard Strauss. Se trata de una
brillante pieza de coloratura, que cuenta que los hombres son infieles
por naturaleza y no merece la pena llorar por ellos.
Es
el caballo de batalla de este disco, se trata de uno de mis
personajes favoritos y lo canté en su día con
Sinopoli. Creo que hay mucho de mí en Zerbinetta, es un
personaje absolutamente vivo, con los pies en la tierra y capaz de
revolucionar todo su entorno y de moverse entre su espacio y el que no
es, ciertamente, del todo suyo.
Dicen que Pilar Jurado es una mujer
polifacética -juzguen ustedes, es cantante, compositora,
directora de orquesta, pedagoga y tiene un montón de premios
(de la SGAE, el Villa de Madrid, el Guerrero, el Cristóbal
Halffter, el Iberoamericano Reina Sofía y premios
internacionales)- y además es guapa, buena gente y sabe
cocinar; eso pueden atestiguarlo los amigos que invita a su casa. Y si
le cansa el color de su salón lo cambia y lo pinta ella
solita, por ejemplo de azul. ¿Esconde algo en la manga
alguien tan aparentemente perfecto?
Seguro
que no soy perfecta. Tengo tantas imperfecciones… En
la vida todo tiene un precio y el buscar la perfección en
determinadas cosas exige elegir y a veces la elección obliga
a renunciar a algo. Al final eso acaba convirtiéndose en tu
propia esclavitud, porque para poder hacer las cosas bien a veces
necesitas dar mucho y entonces al final acaba convirtiéndose
en un gran defecto para ti misma, no para los demás.
Terminamos felicitando a Pilar por su
cumpleaños, ha sido hace unos días y con La
página en blanco que estrena en febrero de 2011.
¿Nervios?
No
quiero estar nerviosa, ni asustada, no soy una mujer miedosa para
nada en ningún aspecto de mi vida. Soy consciente de la
responsabilidad que supone componer una ópera y de que por
ello muchas miradas se centrarán en mí, pero
cuando algo tiene una proyección pública todo el
mundo tiene derecho a opinar. Eso es innegable y tampoco me asusta,
pues hace que todo sea más real y más vivo. Lo
que sí es cierto es que cuando llegue ese momento
estaré tremendamente preocupada por mil cosas y
querré que cada una de ellas funcione bien, así
que estaré estresada. Además, ahora tengo mucho
trabajo porque se está organizando una gira muy importante
en Roma, y tengo grabaciones y muchos otros proyectos. Luego me
pasaré meses encerrada para componer, pero una vez que
comienzo sobre el papel soy muy rápida, porque el gran
trabajo es el previo, el que diseño dentro.
Yo escribo muy bien con presión,
funciono con mucha más rapidez y más claridad.
Creo que hay mucho de mí en Zerbinetta,
es un personaje absolutamente vivo, con los pies en la tierra y capaz
de revolucionar todo su entorno
.
La página en blanco será un
thriller psicológico; con ella quiero acercar al espectador
a una historia con la que se pueda identificar, para introducirle
dentro del universo que voy a crear. .
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